No se trata de una simple dieta, sino de un modo de vida que ha llegado aún más lejos. En 2003 surgió en España la iniciativa de presentar la candidatura de la Dieta Mediterránea; propuesta a la que más tarde se unirían Grecia, Italia y Marruecos. Aunque no sería hasta el 16 de Noviembre de 2010, cuando el Comité Intergubernamental para la Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, reunido en Nairobi, la declaró Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.

 

“La dieta mediterránea no comprende solamente la alimentación, ya que es un elemento cultural que propicia la interacción social.”

 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) declara que su adaptación a nuestras vidas, supone un hábito de vida saludable que ha demostrado una menor tasa de mortalidad, gracias a sus efectos en la prevención de enfermedades cardiovasculares, enfermedades cognitivas, la diabetes tipo 2 y cáncer. Incluso se ha demostrado una reducción del riesgo de depresión de hasta un 50%.

 

¿Qué alimentos forman la Dieta Mediterránea?

La principal característica de la Dieta Mediterránea es la cantidad de alimentos de origen vegetal que contiene: cereales poco procesados o integrales; verduras; hortalizas o legumbre; el aceite de oliva como principal grasa de adición… A parte de los alimentos que vamos a describir a continuación, también es importante tener en cuenta el empleo del sofrito como técnica culinaria a la hora de cocinarlos.

  • ACEITE DE OLIVA: es uno de los elementos más importante de la dieta mediterránea. Está científicamente demostrado que una sola cucharada de aceite de oliva extra virgen al día previene las enfermedades cardiovasculares, aporta antioxidantes y una parte de la dosis recomendada de vitamina E.
  • LEGUMBRES: son una gran fuente de proteína vegetal, de hidratos de carbono de absorción lenta y de fibra. Es aconsejable un consumo de 2 a 3 por semana.
  • CEREALES: se constituye como el pilar básico de la alimentación mediterránea, aportándonos una gran fuente de hidratos de carbono.
  • ALIMENTOS DE ORIGEN VEGETAL: Las verduras, hortalizas, frutas, legumbres y frutos secos son la principal fuente de vitaminas, minerales y fibra dentro de la dieta mediterránea.
  • PESCADO: Se recomienda el consumo de pescado azul como mínimo una o dos veces a la semana. Cabe destacar lo beneficios de la sardina, ya que se ha demostrado que su riqueza en grasas omega 3 es muy alta, por eso es un gran aliada de la salud cardiovascular.
  • CARNE: Las carne blancas contienen mucha menos grasa saturada y colesterol que las rojas, por lo que se aconseja moderar el consumos de las segundas, optando más por el pollo, pavo o el conejo, por ejemplo.
  • LÁCTEOS: El yogur se digiere más fácilmente que la leche, contiene menos grasas y, lo más importante, aporta bacterias buenas que equilibran la microbiota intestinal.
  • FRUTOS SECOS: son ricos en proteínas y ácidos grasos insaturados como el omega 3 y 6, y en vitaminas E, A, B1 y B2. Su cantidad recomendada de consumo está entre 3 a 7 raciones de frutos secos por semana para adultos sanos sin obesidad ni sobrepeso.

 

Los cambios socioculturales han traído consigo nuevas costumbres y hábitos alimentarios menos saludables, que están llevando a una desaparición de la Dieta Mediterránea. Es importante tener en cuenta, que este abandono  no sólo está provocando consecuencias en nuestra salud, si no en la economía y sostenibilidad de nuestro entorno.