El yodo es un mineral el cual es transportado, una vez absorbido a la glándula tiroides, la cual es fundamental para regular el consumo de energía de nuestro cuerpo.

Este mineral puede obtenerse de diferentes fuentes, siendo las principales fuentes de yodo los alimentos de origen marino, tales como pescados sal yodada o sal marina sin refinar. Es por esto que es importante incluir estos alimentos en nuestra dieta.

 

CARENCIA DE YODO

La carencia de yodo, aunque es más frecuente en países del Tercer Mundo, es un problema que afecta a algunas zonas de España y que, según la OMS, es la principal causa prevenible en el mundo de lesión cerebral en el feto y en el lactante y del retraso del desarrollo psicomotor en los niños pequeños.

En el caso de los adultos, la falta de este mineral en la dieta puede favorecer el desarrollo, entre otras enfermedades, de bocio o hipotiroidismo.

Aproximadamente, el 40% de la población mundial se encuentra en riesgo de deficiencia de yodo, por lo que conocer la necesidad de este mineral puede ayudar a concienciar sobre la necesidad de su consumo.

 

BENEFICIOS DEL YODO

Como ya hemos comentado, el yodo es un mineral imprescindible para la glándula tiroides. Pero además, su consumo reporta diferentes beneficios

  • Primordial para la producción de hormonas tiroideas.
  • Facilita el  crecimiento.
  • Mejora la agilidad mental.
  • Interviene en procesos neuromusculares.
  • Participa en el funcionamiento celular.

 

YODO Y TIROIDES

La relación existente entre el yodo y la glándula tiroides es crucial, ya que si el organismo no dispone de este mineral la glándula mencionada no puede producir hormonas.

La producción de hormonas tiroideas permite la correcta regulación del metabolismo de la energía y los nutrientes. Además, afectan al crecimiento de los tejidos y participan en la regulación de la temperatura corporal.

Es por esto que el funcionamiento normal del tiroides, que pasa por un aporte de yodo adecuado, es tan importante. Un aporte excesivo de yodo puede provocar un hipertiroidismo, mientras que el caso opuesto puede derivar en hipotiroidismo.

Pero tampoco hay que volverse loco con la cantidad de yodo a tomar, ya que la dosis necesaria de este mineral es sólo de 150 microgramos al día en adultos y adolescentes, aunque en etapas puntuales como lactancia o embarazo aumentan.